Las mujeres, el sexo y el trabajo
Las mujeres han trabajado desde la creación del mundo. Esto no es novedad. Todas y cada una de ellas, cada mujer del Universo, sabe que la sociedad les ha pedido todo: ser buenas hijas, adolescentes honestas, novias fieles, madres contentas, esposas flexibles, abuelas generosas y, cuando se van de esta vida, dejar recuerdos sublimes. Pero la sociedad también les ha exigido ser in- la- ti- ga- bles.
Salvo las mujeres "muñecas", aquellas que se han re-convertido en juguetes preciados de alguna clase de hombres, las mujeres de carne y hueso trabajan desde el día en que Eva fue expulsada del paraíso por portarse como tenía que hacerlo, por seguir las instrucciones del Supremo Hacedor y, simplemente, actuar como una mujer. Gran ironía la de la Creación, que expulsa del Edén a la mujer más normal que se pudiera haber soñado. Como si esto fuera poco, aparte de tener que atender al deprimido de Adán, que sigue buscando manzanitas fresquitas, la madre Eva deberá lidiar con los celos de su hijo Caín, quien finalmente se convierte en el primer asesino de la historia. Pero no nos creamos que mientras Eva trataba de organizar un hogar de desalojados, se tomaba su tiempo para dormir la siesta o salir de paseo por los valles. Muy por el contrario, tuvo que juntar la leña, prender el fuego, arrancar las raíces a mano limpia, espantar a las fieras y chapotear en los andurriales. Pronto se dio cuenta de que esos valies ancestrales, no por nada, habían sido bautizados como "valles de lágrimas".
Así que, repitámoslo una y mil veces, las mujeres, las mujeres de carne y hueso, han trabajado desde que salió el primer Sol y hasta bien entrada la Luna.
Pareciera ser que ahora, cuando estamos cerrando el segundo milenio de la Era Cristiana y los cinco mil y pico de años de los hijos de Abraham, la mujer, las mujeres vuelven a ser tan necesarias en sus talentos laborales como lo fueron siempre, con la diferencia que, por primera vez, tienen la oportunidad de hacer que todos los hombres lo sepan y lo reconozcan. Y si así no sucede, es porque estos señores, otrora tan orgullosos de su superioridad, tienen en estos días que confesar que dependen económicamente de la colaboración de sus mujeres, tanto como durante todos estos siglos dependieron del hogar femenino para su estabilidad emocional. ¿Qué clase de mujer quiere, entonces, un hombre contemporáneo? ¿Y qué clase de mujer puede ser una hembra-mujer en 1993, para sí misma, para su pareja y para los demás? No debe ser fácil este tema, porque si así lo fuera habrían disminuido las neurosis y las enfermedades socio culturales y, muy por el contrario, parece que hubieran aumentado geométricamente. Mientras la polio, la tuberculosis, el tifus y otras endemias están casi vencidas en Occidente, la impotencia masculina y las frustraciones femeninas crecen en todas las grandes ciudades de Europa y Norteamérica. El tema de cómo debe ser la mujer de hoy no es fácil. Al respecto, parece ilustrativo lo que ha dicho la mismísima esposa del actual presidente norteamericano. Hillary Clinton, hablando ante la carnada de egresadas universitarias de su promoción, en Wellesley College, Boston, compartía, con otras doscientas mujeres de futuros promisorios, las siguientes reflexiones: "A/os piden que estudiemos como las mejores pero que no descuidemos el contacto con los padres. Y nos forman para ser eficientes y competitivas. Pero cuando nos recibimos y estamos por lanzarnos a la carrera nos dicen que no tenemos que olvidarnos del amor. Si nos casamos antes de los cuarenta años nos exigen tener hijos, y si los tenemos debemos consagrarnos a ellos y a nuestros maridos. Si no nos casamos nos dicen que no conocemos la estabilidad. Y si lo hacemos y no tenemos hijos, que somos egoístas. ¿Me pueden decir ustedes cómo podemos hacer todo al mismo tiempo y seguir siendo femeninas?
Porque, cuando decidimos que importa sólo el hogar, con los hijos, marido y toda la familia, ¡zas! nos mandan a trabajar porque la plata no alcanza y tenemos que ser todavía más eficientes y competitivas que nunca para tener éxito". En los Estados Unidos, los temas del feminismo y los derechos de las mujeres han tenido lugar destacado por años en la prensa escrita, y cientos de programas de televisión. Los franceses son conocidos por haber creado las primeras revistas enteramente femeninas, allá por los años sesenta -desde los antecesores de ELLE y Ma-rie Claire-, tema que fue adoptado y multiplicado con un provecho comercial fabuloso por las revistas norteamericanas dedicadas a la mujer que aparecieron al final de los años setenta con Cosmopolitan a la cabeza y con el retorno de Vanity Fair. Nunca se había escrito y hablado tanto sobre tópicos que iban del Punto G y el orgasmo femenino, hasta la igualdad de salarios para hombres y mujeres y las oportunidades políticas. Negras y blancas, anglosajonas y latinas cubrieron con su capacidad y talento un mundo que hasta la Segunda Guerra Mundial había estado reservado para los hombres. Sin embargo, luego de treinta años de feminismo activo, las mujeres norteamericanas, con o sin dólares, carreras profesionales, divorcios y bisexuali-dad aceptadas, con aerobismo y dietas, viajes en jets y vacaciones exóticas, récords olímpicos y logros científicos, puestos en las fuerzas armadas y pildoras anticonceptivas... siguen teniendo los mismos desafíos que la primera Eva, o la esposa del actual presidente: cómo ser una mujer completa y feliz.
¿Usted sabe cómo serlo? ¿Ellos saben cómo promoverlo y aceptarlo? ¿Sabemos todos lograrlo en parejas?
¿Construirlo?
¿Hemos realmente avanzado o, simplemente, hemos estado distrayéndonos con los ensayos de lo que serán una nueva mujer y un nuevo hombre? Nos gustaría, seguramente nos gustaría, que alguien nos dijera la receta acertada.
Nuestra Argentina, sociedad fundamentalmente dinámica y sin grandes historias de cataclismos y guerras sociales colectivas, requerirá cada vez más y más de sus mujeres para construir el país y las gentes que están en cada uno de nuestros sueños. Este tipo de mujeres que, no me cabe la más mínima duda, tendrá infinitamente más y más predicamento en nuestro país, seguramente será una mujer más completa y multifuncional de lo que fue hasta ahora.
Ojalá que tenga lo mejor de la actual y la superación del futuro: la mágica ternura y el portentoso instinto que sólo una mujer puede tener. Suerte para todas. Seguro que no fallarán.
Lo demás, lo demás es la vida misma.