Combatir la ansiedad

Durante mucho tiempo, Guadalupe Faraj peleó contra un trastorno psicológico que le generó problemas con su novio y sus amigos y le impedía encontrar trabajo.

Las fotos de Guadalupe Faraj al menos éstas que estoy viendo parecen no descansar nunca: las imágenes se mueven, están (intencionalmente) fuera de foco y sólo muestran manchas de personas que transitan el papel en blanco, negro y gris.

Hace tres años que Guadalupe empezó a tomarlas. Se fue a un neuropsiquiátrico (no quiere decir el nombre de la institución); se internó en el pabellón más difícil sin saberlo y el resultado fue este estallido de fotos (Morosas y oscuras que hablan, de algún modo, del movimiento y la soledad. Guadalupe las expuso, hace poco, en el ,- Centro Cultural Borges.

Formaron parte de una muestra organizada por la Asociación Ayuda, una agrupación que se encarga de trabajar con personas que sufren algún Trastorno de Ansiedad, para demostrar que el arte es una de las mejores formas que tenemos de ganar salud. Guadalupe no es paciente de esa institución (Victoria, su terapeuta, trabaja en Ayuda, y fue ella quien la convocó), pero podría serlo.

Como combatir la ansiedad

Combatir la ansiedadDesde hace cinco años viene trabajando sobre un problema que le ha quitado

Literalmente, el sueño: el problema de combatir la ansiedad le trajo complicaciones en la facultad, en el trabajo y en la relación con sus amigos. "La cabeza no me paraba nunca", trata de explicar, y me da algunos ejemplos vagos y de poca importancia. Le digo que no entiendo muy bien cuáles eran esos problemas, o que no parecen tan graves. Y entonces ella muestra un texto. "Así me sentía yo cuando estaba ansiosa", dice. Lo leo.

¿Qué es lo que dice? Imagínate que desde el techo cuelga una piñata con todos los pensamientos que hubo, hay y habrá en tu cabeza. Y que alguien, maliciosamente, la pincha: todas las palabras se desparraman sobre vos, te ahogan, te aplastan, te hacen transpirar, te enmudecen, te sonrojan y te quitan el sueño. Algo así es lo que dice el texto que ella me muestra... pero mucho peor todavía: es la ansiedad.

Guadalupe ahora está bien consigo misma. Recuerda que empezó a sentirse mal muy mal hace cinco años, cuando tenía veintitrés. "Yo venía arrastrando un males tan fuerte desde que terminé el secundario", recuerda. "Con el final del colegio se me vinieron encima una serie de decisiones fuertes: tenía que pensar en trabajar, en hacer una carrera universitaria, en cumplir con Tos deseos de mis viejos... pero yo quería tener otro tipo de vida, distinta de la del mandato familiar.

Entonces me veía mal, triste, ciclotímica, me acostaba a la noche con los ojos abiertísimos y me despertaba a las seis de la mañana, me había peleado con mis amigas, no trabajaba ni estudiaba, estaba inmersa en una crisis total..."

En el medio de ese descalabro tan íntimo, Guadalupe se fue de viaje al Sur. "Me fui de vacaciones con el que era mi novio de entonces, yo quería encontrar algo de paz',cuenta. "Pero allá, en vez de relajarme y mirar los glaciares, la cabeza me seguía trabajando a full. A la mañana me levantaba angustiada, todo era un tormento horrible. Supone que me estaba bañando en un camping: mientras me bañaba pensaba 'cuando vuelva a Buenos Aires voy a buscar trabajo y además tengo que estudiar y rendir los finales que me faltan y... y así todo el tiempo. Necesitaba gritar 'basta'. Y me terminé separando de mi novio en plenas vacaciones."

Apenas llegó a Buenos Aires, Guadalupe tomó su bicicleta y se fue pedaleando al Hospital Rivadavia. Pidió ayuda psicológica que la ayudara a combatir la ansiedad, pero le recomendaron retomará con su terapeuta de siempre. Su abuela la ayudó a pagar el tratamiento y Guadalupe empezó una terapia en la que pudo hablar de todas aquellas cosas que le estaban pasando. "Yo sé que tener ansiedad es normal, el problema es que cuando excedes en el límite, como me pasó a mí, se transforma en un problema", admite.

"Se vuelve una limitación muy grande cuando tenés que ir a trabajar y de repente te duele la panza y tenes ganas de ir al baño y transpiras y sentís que podes morirte en cualquier momento. A mí la ansiedad se me venía muy en contra, por ejemplo, en las entrevistas de trabajo: decía más de la que me convenía decir y me despedía diciendo frases como 'bueno, ¿entonces cuándo te llamo ?'. No me bancaba la incertidumbre de una esfera y evo perjudicaba mi imagen: nadie llamaría a una persona que parece desesperada por un laburo, porque esa desesperación es señal de que no estás pensando con claridad."

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