Buda
Religión
Aquel a quien llamamos Buda, «el Iluminado», nació hacia el 560 a. J.C. en el seno de una familia principesca del noreste de la India, cerca de la frontera del Nepal, y recibió el nombre
de Siddhártha Gautama. Según la leyenda, fue engendrado en la unión milagrosa de su madre, la princesa Maya, con un elefante blanco.
Aquel a quien llamamos Buda, «el Iluminado», nació hacia el 560 a. J.C. en el seno de una familia principesca del noreste de la India, cerca de la frontera del Nepal, y recibió el nombre
de Siddhártha Gautama. Según la leyenda, fue engendrado en la unión milagrosa de su madre, la princesa Maya, con un elefante blanco. Recién nacido, fue capaz de dar siete pasos en todas las
direcciones del mundo, lo que testimonia su vocación universal. Deseoso de preservarlo de toda tristeza, su padre lo mantuvo en un soberbio palacio, y le dio esposa. Pero Gautama escapó
de él en tres ocasiones a la vecina población de Kapilavastu, y en las tres se encontró con figuras simbólicas: un viejo y un cadáver le mostraron el dolor, un monje mendigo le hizo
entrever lo que es el desasimiento.
Entonces, lo abandonó todo y se fue a buscar la sabiduría entre los brahmanes, luego entre los adeptos del yoga y, finalmente, durante seis años, en la meditación solitaria, retirado en
BodhGayá, en el Bihár meridional. Una noche, sentado bajo una higuera, recibió la Iluminación, y se cuenta que permaneció allí inmóvil durante siete semanas, recorriendo mentalmente sus
existencias anteriores, tentado por el demonio Mará, y ahondando en el proceso del dolor universal. Al salir de aquel éxtasis, predicó por primera vez: el Sermón de Benarés. Luego viajó
por todo el noreste de la India exponiendo las «cuatro verdades» sobre el dolor y la supresión del dolor, y predicando una sabiduría, el «camino medio». Cumplidos los ochenta años, entró en
el maháyarinirvána, «el gran éxtasis», que lo arrebató a la existencia. Dejó un grupo de discípulos, convencidos, lúcidos, que difundirían su mensaje con asombrosa celeridad.
EL SERMÓN DE BENARÉS
El tema fundamental de la predicación de Buda es el sufrimiento en todas sus formas: no es una postura pesimista, sino un planteamiento fuera del cual es inoperante cualquier vía de
salvación. Buda, como un médico, procede por etapas: reconoce los síntomas, determina las causas, avanza un pronóstico y ofrece una receta.
PRIMERA VERDAD. «Todo es dolor: el nacimiento es dolor, la vejez es dolor, la muerte es dolor, como lo son la unión con lo que no se ama, la separación de lo que se ama y la no consecución
de lo que se desea.» Buda no niega que haya gozos en la existencia, pero afirma que el hecho de que sean efímeros implica un sufrimiento en potencia.
SEGUNDA VERDAD. «En el origen del dolor universal está el deseo»: sed de placer o de goce, que sufre la pérdida de sus objetos; ansia de permanencia o instinto de conservación, que choca
con la muerte; deseo de morir, o desesperanza.
TERCERA VERDAD. Hay «un camino conducente a la supresión del dolor, un camino de serenidad y libertad». Con su propia vida, Buda demuestra que es posible recorrer esa vía de supresión
del deseo.
CUARTA VERDAD. La salvación viene de la práctica de las ocho «virtudes» que tienen por objeto restablecer el orden ae la conducta humana, la práctica de la concentración y la ecuanimidad,
la «sapiencia» o desarrollo del espíritu. Estas ocho prescripciones, interpretadas desde una actitud de moderación y rectitud, constituyen la «vía del medio». Ni misticismo, ni prácticas
extraordinarias: una sabia regia de vida, que se difunde bajo el nombre de la «Buena Ley». Sabiduría progresiva y transformación moral: ésa es la vía para sustraerse al encadenamiento de
las existencias.
EL DALAI-LAMA
Catorce dalai-lamas, contando al actual, se han sucedido en los tiempos; mejor dicho, catorce encarnaciones del dalai, manifestaciones humanas consecutivas de un único principio, Chenrezi,
forma tibetana de Avalokitesvara. Cuando un dalai deja la tierra, se busca su reencamación en un niño excepcional, a quien imparten todo el saber de los lamas. A principios del siglo XVII
surgió en Shigatse el linaje concurrente de los panchen-lamas. En épocas conflictivas, este doble poder puede ser manipulado por los enemigos del Tibet. Así ocurre hoy por razones
geopolíticas: el pancnen-lama es un rehén acomodaticio de la política china, mientras que el dalai-lama, TenzinGyatso, desde su exilio de Dharmsala, en el norte de la India, trata de
salvaguardar la espiritualidad de su patria.
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