Difusion del Budismo
La evolución del budismo tiene aspectos sorprendentes, sobre todo por su impacto histórico, por las transformaciones que produjo. Hasta el siglo v de nuestra era, la fuerza de su mensaje en la India arrumbó en todas partes el antiguo brahamanismo: los reyes se convirtieron y arrastraron a sus subditos a la conversión. Pero la India volvió después a sus orígenes, con una síntesis que refundo el hinduismo y, a partir del siglo XII, como tarde, el budismo indio representó tan sólo una pequeña minoría. Fuera de la India, sin embargo, los monjes budistas extendieron la Buena Ley con un éxito fulgurante y duradero: desde el siglo II a. J.C., Ceilán fue el foco de donde irradió la predicación a todo el sureste asiático: Birmania, Laos, Tailandia, Camboya. Por el norte, el Gran Vehículo penetró en el Tibet e hizo surgir el lamaísmo; se introdujo en China en el siglo I, y se implantó en el lejano Japón a partir del siglo VI.
EL BUDISMO TIBETANO
La primitiva religión tibetana, el Bon, es una religión chamánica. En el siglo VII, el rey I Srong-bcam-gampo convirtió todo el país al budismo, con lo que se inició una etapa de fuertes intercambios religiosos entre el Tioet y la India, particularmente intensos en el siglo VIII con Padma Sambhava, uno de los maestros del vajrayána, el «Vehículo de diamante». La primera orden monástica, la de los Bonetes rojos, se entregó pronto a prácticas de magia, y fue reformada en el siglo XI por dos grandes maestros, Marpa y Milarepa. Luego, en el siglo XIV, Tsong-kha-pa fundó la orden de los Bonetes amarillos: podía hablarse ya de una verdadera teocracia tibetana, que remontó entonces su vuelo intelectual y moral. Los monjes, o lamas, hicieron del Tibet el «País de los dioses»: conservaron textos cuyos originales sánscritos se habían perdido, fundaron miles de monasterios. Definieron una jerarquía de Budas emanada de un Principio único, el Ádibuda, y elaboraron una extraordinaria ciencia sobre los estados de conciencia, de la imaginación y del sueño, sobre las etapas de la meditación,.. Sus ritos dejan amplio campo a las liturgias tántricas, y emplean algunas técnicas del yoga y soportes visuales llenos de colorido como los mándalas o sonoros, como los gongs, campanillas o la repetición incansable de los manirá.
Su enseñanza está representada por cuatro grandes escuelas monásticas (Rnying-ma-pa; Bka-brgyud-pa; Sa-skya-pa; Dge-lugs-pa). El pueblo, con un nivel de instrucción muy bajo, vibra de fervor religioso y no duda en ofrecer sus hijos a los monasterios: antes de la ocupación china, uno de cada cuatro riberanos era monje.
CULTO Y FIESTAS
Es imposible dar una visión general de las fiestas budistas, pues el budismo se ha integrado profundamente en cada una de las tradiciones locales a las que se superpuso durante su expansión. En el Tibet, sus fiestas guardan reminiscencias de los rituales chamánicos; en Japón, adoptan el ceremonial imperial y sintoísta. Pero el concepto que los budistas fervientes tienen sobre el culto se apoya en ciertas características fundamentales. El culto es memoria de los hechos de la vida de Buda; veneración del Iluminado, como modelo de realización para el fiel; e instrumento de purificación o de adquisición de determinados méritos. A diferencia del hinduismo, el budismo no sacraliza los grandes momentos de la existencia, salvo la muerte, y no practica el sacrificio.