El Budismo

El Budismo

Como el jainismo, que se desarrolló en la misma época, el budismo no reconoce la autoridad de los Veda ni de los Upanisad. Para él, por lo menos en sus orígenes, no hay ni dioses ni escrituras reveladas. Su fundamento es la experiencia, histórica, de un ser iluminado que se convirtió en el arquetipo de todo hombre, puesto que todos pueden re­cibir la iluminación.

Como el jainismo, que se desarrolló en la misma época, el budismo no reconoce la autoridad de los Veda ni de los Upanisad. Para él, por lo menos en sus orígenes, no hay ni dioses ni escrituras reveladas. Su fundamento es la experiencia, histórica, de un ser iluminado que se convirtió en el arquetipo de todo hombre, puesto que todos pueden re­cibir la iluminación.

Las fuentes son, pues, admirablemente simples: «Soy el Santo, el Perfecto, el Supre­mo Buda. Prestad oídos, monjes. La vía ha sido hallada. Escuchadme.» Así empieza el Ser­món de Benarés. La tradición ha fijado los grandes sermones de Buda: el del Fuego, el dirigido a su familia, y su última exhortación antes de morir. No hay distinción de castas, ni calificación particular de ningún tipo: sólo un llamamiento a la razón y a la volun­tad de romper las cadenas de las transforma­ciones.

A poco de morir Buda, hacia el 480 a. J.C., se reunió un primer «concilio»: los testigos di­rectos dieron cuenta de lo que habían visto y oído. Un siglo después se hizo patente la ne­cesidad de empezar a fijar un canon, y se con­vocó un segundo concilio en Vaisálí. Por último, hacia el 250 a. J.C., el rey Asoka, con­vertido a la Visión budista, reunió en Pátali-putra el tercer concilio, que consagró la divi­sión en escuelas. Las fuentes se tornaron más complejas, pero conservaron inspiraciones comunes: el predominio de la sabiduría vi­vida sobre los problemas metafísicos o ritua­listas; el desarrollo de una amplísima mito­logía popular en torno al tema de las «vidas anteriores de Buda».

 

LOS TRES GRANDES BUDISMOS

EL BUDISMO THERAVADA, O «budismo de los Antiguos», fijó su canon en el concilio de Pataliputra, y después en Ceilán, en el si­glo I a. J.C. Estableció una síntesis de los textos conocida con el nombre de Túfmka (la «Triple Cesta»). Este budismo se difundió por la India hasta el siglo v, y hoy pervive sobre todo en Sri Lanka (antiguo Ceilán), Birmania, Tailandia y Camboya. Calificado con frecuencia de hinayána, o «Pequeño Vehículo», aludiendo con cierta sorna a su limitado éxito y a su elitismo moral, es el que se ha mantenido más fiel a la indiferencia de Buda por las especulaciones sobre el mundo divino y al ideal del santo im­pasible y desprendido de todo.

EL BUDISMO MAHÁYÁNA, o «Gran Vehículo», admite el mismo canon, pero afirma haber re­cibido de los discípulos privilegiados del Maestro una enseñanza más amplia, que toma en consideración los misterios divinos y que se consuma en impulso místico. Su ideal es el bodhisattva, el santo que, por compasión, re­trasa su liberación para ayudar a la humanidad sufriente. El canon quedó fijado en el concilio de Kundalavana, en Cachemira, presidido por el rey indoescita Kaniska en el año 120 de nuestra era. El Gran Vehículo se tradujo luego al tibetano, al chino..., a medida que lo requi­rió su sorprendente propagación. Una gran ductilidad teológica le permitió adaptarse a to­das las formas religiosas, a la vez que satisfacer la necesidad de consuelo inherente a la reli­giosidad popular. Buda pasó a ser un dios en­tre los dioses, a quien se oraba y a cuyo pa­raíso su «País Puro» se aspiraba. Escasamente fiel a la desnudez originaria del pensamiento búdico, el maháyána tuvo que conciliar las pa­radojas de esta evolución; para ello, sus sabios elaboraron la doctrina de la «doble verdad»: existe la vía de los símbolos y de las religiones, la vía del amor en un mundo ilusorio, pero donde se hace realidad la aventura de la Li­beración; y existe, además, la vía difícil del conocimiento puro, donde los dioses y los bodhisativas no son más que los velos del nirvana.

EL BUDISMO VAJRAYÁNA, o «Vehículo de dia­mante», es más tardío (siglos VII-VIII) y nació de la síntesis de la doctrina búdica con el hinduismo popular y el tantrismo sivaítico. Arraigó sobre todo en el Tibet.

 

EL BUDISMO HOY

Desaparecido casi totalmente de la India, el budismo parece resurgir allí en nues­tros días (un 0,6% de la población, unos 4 millones de fieles). El theraváda, el más fiel al humanismo búdico, se ha desarrollado en Ceilán y de allí ha irradiado a todo el sureste asiático, en cuyos estados los regímenes ateos y a veces represores no han logrado desarraigarlo: sigue siendo la religión de las masas.

Por oposición a esta «escuela del Sur», el Gran Vehículo, o maháyána, se denomina «es­cuela del Norte». Tras atravesar la India sep­tentrional y Tibet, se difundió hacia el este, hacia China, Corea y Japón, y su flexibilidad teológica le permitió adaptarse bien en todas partes. Prácticamente agostado en China desde antes de la Revolución comunista, se ha convertido en Japón en uno de los pilares de la vida moderna.

El Tibet, país del «Vehículo de diamante», o vajrayána, es un mundo aislado, que corre el riesgo de ser aniquilado por la presión co­munista y cuyo jefe, el dalai-lama, vive en el exilio desde 1959.

Se diría que el budismo tiene todavía un mensaje importante que trasmitir al mañana. Dos focos de expansión le permiten seguir propagándose: los exiliados tibetanos y los zen japoneses. El análisis budista del al­ma tiene curiosas afinidades con el psicoaná­lisis; su idea de la materia converge con cier­tas hipótesis de la física nuclear; y, en fin, como una «religión» sin dios, responde a las exigencias espirituales de muchos contempo­ráneos.

La evolución del budismo tiene aspectos sorprendentes, sobre todo por su impacto histórico, por las transformaciones que produjo. Hasta el siglo v de nuestra era, la fuerza de su mensaje en la India arrumbó en todas partes el antiguo brahamanismo: los re­yes se convirtieron y arrastraron a sus subdi­tos a la conversión. Pero la India volvió des­pués a sus orígenes, con una síntesis que refundo el hinduismo y, a partir del siglo XII, como tarde, el budismo indio representó tan sólo una pequeña minoría.
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1 Comentario
  • Joseba- Martes 12 de junio de 2012

    El Budhismo original era uno y el que se parece más al original es el Hinayana, por lo que este no debe ser menospreciado sin conocimiento de causa. Indudablemente la Iluminación y la Liberación se logra eliminando todos nuestros agregados psíquicos o defectos además de crear los Cuerpos de Completación mediante la Transmutación de la Energía Creadora. Una cosa es experimentar el Samadhi y otra cosa cristalizarlo en sí mismo; unas escuelas hacen hincapié en primero experimentar el Samadhi para luego eliminar los agregados psíquicos, otras hacen un trabajo minucioso y tenaz eliminando los defectos hasta no quedar ninguno lo que lleva a la Gran Realidad a la Iluminación Suprema definitiva. Desgraciadamente hubo personas en el Oriente que se dedicaron a la obtención del Samadhi y lo lograron experimentar asiduamente, más como no se dedicaron a eliminar sus defectos, una vez desencarnaron y volvieron a encarnar en Occidente resultaron siendo personas vulgares y corrientes y paradójicamente se les sigue rindiendo \"culto\" en el Oriente como grandes Santos. Las personas que confunden la experimentación del Samadhi o Éxtasis con la Iluminación se desvían ellos mismos y desvían a los demás. En cada uno de nuestros agregados psíquicos o defectos psicológicos se encuentra Luz atrapada, en la medida que vamos disolviéndolos comprendiéndolos primero y luego eliminándolos nuestros Ser Interior avanzaremos de forma segura.

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