El medio ambiente es el tema de mayor relevancia hoy para la población mundial, los problemas del
calentamiento global, extrema contaminación, etcétera se encuentran a un nivel de importancia que hace preocupar a todos menos algunos. Las ciudades son sistemas conformados por otros sistemas naturales, físicos y culturales, que se interrelacionan formando uno único.
A su vez las ciudades dependen de recursos de los más variados como territorio, material, alimentos, combustible, etcétera, y estos recursos cuando se dispone el fin de su vida útil son desechados o transformados produciendo en la mayoría de los casos impactos ambientales que repercuten a escala local, regional y finalmente global.
En este problema del impacto medioambiental un factor de suma importancia ha sido el desarrollo histórico que han experimentado las ciudades, siempre relacionado con formas de organización humana, política, religiosa, militar, etcétera, y aunque el urbanismo siempre busque encontrar una solución racional y equitativa al impacto que produce el desarrollo social, estas organizaciones persiguen fines que terminan por superar sus fidedignos conceptos, aunque no siempre es así, estamos plasmando simplemente un ideal de acción.
En este sentido nos introduciremos en un caso actual a modo de ejemplo.
El cese de circulación de trolebuses en la ciudad de Montevideo, Uruguay.
El 26 de enero de 1992 y tras 40 años de servicio dejaban de circular los trolebuses en la ciudad de Montevideo. El cese de la gestión tuvo escabrosos motivos en los que se asociaba como parte influyente de esta “jubilación” a una importante empresa de colectivos de la capital uruguaya. Indudablemente desmantelar el tendido eléctrico que recorrió la ciudad durante cuarenta años y disponer únicamente de un transporte de colectivos a gasolina resultaría, más cómodo, más rápido, más rentable y también más contaminante.
El trolebús tenía sus adeptos y sus rivales dentro de sus usuarios. Quienes lo cuestionaban simplemente lo hacían por buscar una mayor comodidad de servicio, velocidad y una flota mayor que derivaría en una mayor comodidad, pero sin pensar en el factor que implicaba la contaminación que aparejaría su eliminación.
El último trolebús circuló ese 26 de enero por la capital con una bandera uruguaya en su frente e inscripciones que rezaban: "chau", "te quiero", "el transporte limpio", "hasta siempre", "adiós", "volveremos"...
Este medio de transporte contó en Montevideo con una flota de 60 coches que economizaban al año 3.000.000 de litros de combustible y evitaban 180 toneladas de monóxido de carbono, o sea de contaminación pura.
A unos 15 años de este fatídico hecho parece increíble con los problemas medioambientales que tenemos, donde todos los días se realizan congregaciones a nivel mundial en contra de la contaminación, que este medio de transporte rápido, económico, silencioso y, sobretodo, limpio, halla dejado de recorrer las calles.
Es una historia que no sorprende ya que muchos otros casos han operado de la misma forma en el trayecto de los años luego de la Revolución Industrial, pero ésta si bien no la he narrado con palabras textuales de sus participantes (entiéndase choferes, pasajeros y demás afiliados al trolebús) puedo asegurar por ser uruguayo y montevideano que es tan emotiva como incomprensible.
Así vamos finalizando, ofreciéndoles una historia de urbanismo y medio ambiente para la reflexión.